La trastienda del PSOE sale a escena

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Cuando un país está pendiente de que una anécdota se convierta en categoría histórica, es que el conjunto de sus ciudadanos e instituciones han perdido la cordura. La demencia colectiva que ha supuesto el culebrón del Partido Socialista, al que hoy asistimos al primero, que no único, de sus capítulos finales, sólo es propio de países donde el bien público ha pasado a ser privativo de una clase política muy pero que muy mediocre. Como sabe hasta mi vecina del tercero, que para eso escucha la radio todas las mañanas, este domingo el Comité Federal del Partido Socialista tendrá que apostar de manera definitiva por el contra relato, y cambiar el No es No, por el más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. La comisión gestora presentará su propuesta como el mal menor, la elección entre la mejor de las peores opciones, o la apuesta por la gobernabilidad como bien supremo.

En términos Políticos (con P mayúscula), nada de lo que la gestora argumente este domingo tiene ahora más sentido que hace cuatro meses. No ha habido ningún factor externo que suponga una novedad que justifique este cambio de postura. En realidad, lo que el PSOE dirime este domingo no es la gobernabilidad del país, sino el resultado de sus fuertes contradicciones internas heredadas de la época de Rodríguez Zapatero. La catarsis e incluso crisis que debería haber sufrido el Partido y conducido a su “refundación” programática tras su derrota en noviembre de 2011, quedó postergada por el narcisismo de algunos de sus líderes. Han aguantado casi cinco años y este debe ser el momento, sin traumas, de que el partido asuma una profunda crisis y encuentre en ésta el camino para su supervivencia en un escenario poliédrico.

Por eso este domingo no debemos dejarnos engañar con el canto del sacrificio que hará el Partido Socialista en aras de la gobernabilidad del sistema. Que se lo agradezca Rajoy tiene un pase, pero que se lo reconozcamos los demás roza el delito. El cambio de postura que se apruebe en el Comité Federal tendrá consecuencias para el conjunto de los ciudadanos y para el modelo institucional de este país, eso es innegable, pero lo que suceda derivará del postergado ajuste de cuentas entre las familias del partido. Y eso es algo que no debemos olvidar a la hora de valorar esta mala versión de culebrón venezolano. En realidad, los ciudadanos tendríamos que pedir explicaciones a los dirigentes socialistas, que llevan cinco años esperando esta vendetta y se los ocurre realizarla en el momento menos propicio.

El cambio de relato y de posición ante la investidura de Mariano Rajoy tendrá consecuencias imprevisibles, pero en todo caso, malas, tanto para la vida interna del Partido Socialista como para su posición en el sistema de partidos. No sólo es una cuestión de contenido (su pérdida de posición en el sistema como partido de alternancia), sino de la forma de construir el relato (la subordinación de los valores frente a un supuesto interés general, que solo es general para los populares) y de la bochornosa escenografía mediante la que se implementará esta decisión (un PSC declarado en rebelión, otros diputados votando NO o teniendo que salir al baño en ese momento, etcétera). Todo augura que este cambio de posición, poco digerible a estas alturas del partido, se llevará por delante a buena parte de la dirigencia actual, restará credibilidad al conjunto del Partido Socialista, y situará a esta opción en una posición espacial marginal en el marco de competencia que hace muy difícil su supervivencia como alternativa de gobierno para una próxima legislatura.

El Partido Socialista ha perdido el rumbo desde su derrota en 2011. Su obsesión compulsiva por volver al poder de manera rápida, a costa de marginar sus esencias programáticas, les ha conducido a la situación actual. A tener que tomar una decisión que ahora apenas les produce ventajas, siendo esa misma decisión la que les hubiera dotado de una posición de poder frente al Partido Popular, y sobre todo frente a Podemos, tras el 20-D: haber ejercido una jefatura de oposición con casi tanta fuerza como el ser gobierno. Ahora los diputados socialistas van a quedar a expensas de la bondad legislativa del PP, pues Podemos les va a arrinconar con tomas de posición continuas que les conducirá a tener que votar que NO a las propuestas de izquierda o a votarlas SI pero pagando el precio de hacerlo junto con los independistas. Un futuro más que incierto espera al PSOE.

Este artículo se publicó el día 23 en el periódico La Verdad