Desde hace dos décadas, el profesor de la UMU Ismael Crespo mantiene una estrecha relación con universidades de América Latina, desarrollando programas de cooperación que le han valido reconocimientos tan importantes como ser nombrado Comendador de la Ordem Nacional do Cruzeiro do Sul de Brasil. El que fuera primer director de la ANECA ha sido recientemente investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica de Córdoba, Argentina.
Periodista: Recientemente le han nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica de Córdoba. ¿Cuál es la relación que mantiene con esta institución, por la cual le han concedido esta distinción?
Ismael Crespo: Por un lado, la Universidad de Murcia firmó un convenio interinstitucional con esta universidad argentina en 2004. Y, por otro, yo mantengo desde hace más de dos décadas relaciones con universidades latinoamericanas, donde doy conferencias, clas,… y donde he apoyado siempre programas de cooperación conjunta entre España y América Latina. Supongo que viene de ahí la distinción que me han hecho.
Periodista: Durante su discurso de investidura reflexionó sobre el papel de los intelectuales en política. ¿A qué conclusiones ha llegado?
Ismael Crespo: Vivimos en un mundo en el cual los intelectuales, y sobre todo los profesores universitarios, están muy apáticos ante la realidad social, económica y política -no sólo de sus paises sino también del contexto internacional- y no ejercen el papel de conciencia crítica que deben tener ante los grandes problemas. Los profesores no pueden quedarse en sus casas escribiendo libros, tienen que salir a la calle, impregnarse de lo que sucede y tomar posición política. Fue una reflexión dirigida, además, a los alumnos, que también denen tomar una conciencia crítica sobre lo que pasa en el mundo, sobre lo que vemos y nos disgusta pero sobre lo que no actuamos.
Periodista: Da la impresión de que los intelectuales más activos son los del mundo del cine o de la música.
Ismael Crespo: Este fenómeno, que sucede en España y en algún otro país, deriva de que el mundo del espectáculo se financia a través de ayudas públicas, y por lo tanto, yo creo que ahí hay, más que conciencia crítica, unos intereses totalmente pecuniarios, de estar al servicio del poder. Yo diría que ese tipo de intelectual, el que toma partido político, es el que no nos es necesario. Después de cada eelcción desaparecen del mapa y solo se activan cuando un partido, normalmente de izquirda, necesita que se activen. Muchos de ellos son artistas, yo no los llamaría intelectuales. Lo que se hecha en falta es una refexión sobre grandes temas -económicos, cambio climático, etcétera-, que en el mejor de los casos se reducen a algún artículo en el periódico.
Periodista: Este no es el único reconocimiento que ha recibido en América Latina, ya que también fue investido doctor honoris causa por la Universidad César Vallejo de Perú y ostenta el título de Comendador de la Ordem Nacional do Cruzeiro do Sul, concedido por el presidente de Brasil. ¿Cómo ve las relaciones entre España y América Latina?
Ismael Crespo: España ha vivido siempre un cierto espejismo, ya que tenemos la idea de que nuestras relaciones con América Latina son muy fluidas, cuando desde hace quince años son muy comerciales, económicas, mientras que la parte cultural y universitaria ha quedado muy reducida. El paquete de becas o transferencia de conocimientos entre España y América Latina, que debería ser el mayor de Europa, está por debajo del que mantienen Francia o Alemania. Es una política ficticia, porque en realidad nosotros no estamos en América Latina, lo están las empresas.
Periodista: Cambiando de tema, usted que fue el primer director de la ANECA, ¿qué opina de la pugna entre las universidades públicas y la UCAM por algunas titulaciones?
Ismael Crespo: La política universitaria de Murcia no es nueva, pero esta pugna se ha vuelto más dura por el tipo de titulaciones. Nadie pone el grito en el cielo si alguien implanta Económicas, pero con Arquitectura o Medicina las públicas se ponen nerviosas. La UCAM ha obtenido sus reconocimientos administrativos y, por lo tanto, no se le puede negar nada, aunque estemos en contra o tengamos nuestras dudas sobre por qué se le conceden. A partir de ahí, es labor del Gobierno Nacional y de la ANECA llevar un control ehaustivo de la calidad de sus estudios. Lo que sí me parece increible es la escasa capacidad de liderazgo de los rectores de las universidades públicas, que han estado totalmente desaparecidos en este conflicto. Esta inanición que tienen los rectores de las públicas no se habría producido en otra comunidad.
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